ELENA MACHÍ

Soy Elena, tengo 23 años y soy de Castellón. Soy maestra de Educación Infantil y Primaria y actualmente estoy estudiando un Máster en Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje

Viví mi cursillo del 22-25 de junio de 2017. El cursillo para mí supuso un encuentro personal con el Señor que me hizo descubrir que seguir a Cristo no es que valga la pena, es que vale la vida. Descubrí que Él es el mayor tesoro que el corazón humano puede anhelar. Vivo mi fe participando de todo lo que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad me ofrece en Castellón, con mis hermanas de Reunión de Grupo, en la Ultreya y en la Escuela. Además, procuro fermentar mis ambientes con mi granito de arena.

El principio de la pandemia lo viví un poco enfadada, para que engañarnos. Me iba por primera vez en el equipo de un cursillo una semana después de que se pusiera el confinamiento. Pero este tiempo me ha permitido reflexionar sobre lo siguiente. Dios le pidió a Abraham que confiara en Él y que sacrificara a Isaac, su único hijo y al que tanto quería. Abraham confió y no quedó defraudado. En verdad recibió muchísimo más de lo que pedía. De la misma manera, yo he aprendido que tengo que fiarme más del Señor porque Él sabe más y nunca defrauda. Por otro lado, fue muy bonito poder vivir la Pascua y el paso del Señor en comunidad aunque estuviéramos a muchos kilómetros de distancia.

El Señor ha estado grande y se ha hecho presente en mi día a día a través de la comunidad, de mis hermanas de reunión de grupo y de tantos amigos que se han preocupado por saber cómo estaba. Pero también a través de estos amigos, que no tienen fe y que vivían en la desesperanza esta situación del confinamiento. El Señor me ha permitido ser testigo de la sed que tienen de Él y he podido dedicarles unas palabras de consuelo.

Como decía, aunque todavía tengo mucho que aprender, esta situación me ha permitido crecer en la confianza y en el abandono. Ver qué solo Dios basta y a ser más agradecida para poder valorar lo realmente importante en la vida. Además, también veo que esto ha despertado en muchas personas la necesidad de volver a la Iglesia. Creo que ha sido el caldo de cultivo perfecto para que redoblemos nuestra palanca, nuestra oración y nuestro esfuerzo por trabajar en el movimiento para que más personas puedan encontrarse con el Señor en un cursillo.

“La esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado (Rm 5,5)”.

Ultreyas