VICKY

Mi nombre es Vicky, tengo 24 años, y pertenezco al Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) en Madrid. De forma providencial, y como un regalo caído del cielo, a mi novio Kike y a mí nos propusieron desde el Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) de Segorbe- Castellón acompañar a un grupo de jóvenes que iban a vivir por primera vez juntos el Tríduo Pascual en el pueblo de Torreblanca. Nuestro sí fue inmediato, y es que qué maravilla de Pascua joven nos tenía preparada el Señor.

El Jueves Santo por la mañana comenzaba nuestra aventura, con nervios y mucha ilusión. Nos reunimos un total de 25 jóvenes que pertenecían a diferentes realidades de la Iglesia, pero a los que nos unía la llamada a vivir esta Pascua de forma diferente. La idea era que, además de compartir entre nosotros estos días, viviéramos el Tríduo Pascual con la parroquia de Torreblanca durante los oficios y actividades de cada día.  Este Jueves Santo, el día del amor fraterno, de la institución de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal, descubrimos cómo la Iglesia nos invita a vivir no sólo lavando los pies a los demás, sino dejándonos lavar nuestros propios pies por Cristo. Tuvimos un rato de desierto, de nuestro particular Getsemaní, dónde nos preparamos para dejar que el Señor se sentara en nuestra mesa esa misma tarde en la celebración de la Última Cena. Después del oficio del día, acompañamos a Jesús un rato en el huerto de los Olivos, ante el monumento de la parroquia, orando y velando con Él.

Ya el Viernes Santo nos encontramos cara a cara con Cristo crucificado. Aprendimos a amar nuestras propias cruces, y a reconocer que Jesús, esa misma tarde, iba a morir por cada uno de nosotros, por cada uno de nuestros pecados y debilidades, y que nunca más íbamos a cargar la cruz solos. Experimentamos la tristeza de la muerte, pero la esperanza de que las promesas de Dios siempre terminan cumpliéndose. Disfrutamos también viendo la película de ‘La Cabaña’, que nos enseñó cómo Dios nos ama cómo un Padre y que nunca deja a sus hijos, a pesar de que permita nuestros sufrimientos. Este día, compartimos con la parroquia de Torreblanca el Vía Crucis por la mañana, y la celebración de la Pasión por la tarde; y más tarde, tuvimos el regalo de escuchar el testimonio de Gema, una feligresa que nos recordó como a pesar de sufrir momentos de cruz muy grandes, el Señor siempre sale a nuestro encuentro y transforma nuestras vidas. Finalmente, compartimos un rato de adoración a la cruz dónde pudimos clavar en el madero nuestras cruces, y entregar así a Jesús todo lo que necesitábamos que Él cargara con nosotros.

El Sábado Santo Jesucristo no estaba, y aparentemente nada de lo que había anunciado se había cumplido. Nos despertamos tristes, confundidos… Jesús había sido crucificado. Nosotros le habíamos clavado en esa cruz. Durante este día nos fijamos en nuestra madre, la Virgen María, como modelo de esperanza al pie de la cruz. En esa mañana nos preguntamos por nuestra fe. ¿Era como la de María? ¿Cómo vivíamos ante las dificultades y sufrimientos? ¿Nos fiábamos de Dios? Ya por la tarde, visitamos la playa de Torrenostra, y en su capilla rezamos un rosario juntos. Después, en esa misma playa, hicimos nuestro propio camino de Emaús, como los discípulos de la época de Jesús, que en el camino se encontraron con Él a pesar de que al principio no lo reconocieron. Esa tarde, divididos por parejas de dos, a través de la vida del otro, reconocimos a Jesús, y nuestro corazón ardió igual que lo hizo el de los discípulos de Emaús. Ya esa noche llegó el gran momento de la Pascua… ¡JESUCRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA! Vivimos la Vigilia Pascual con la parroquia con una alegría inmensa, al igual que el Domingo de Resurrección, dónde además pudimos ser testigos del bautismo de tres niños del pueblo que entraron a formar parte de la Iglesia. Jesucristo había resucitado en nuestras vidas, y nos había devuelto la alegría de su salvación.

Personalmente, esta Pascua ha supuesto un antes y un después en mi camino de fe. Era inimaginable lo que el Señor tenía preparado para nosotros, y es que cómo bien nos dijo Jesús mayores cosas veréis. Estos días me han hecho recordar cómo El Señor me ama hasta el extremo por todo lo que ha hecho en mi vida, y que durante el tiempo de Cuaresma había quedado empañado por las obligaciones del día a día, el enfado y la desconfianza en Dios. Hemos sido testigo de verdaderos milagros esta Pascua, de cómo según iban pasando los días nuestras caras cambiaban y únicamente era porque reconocimos al Señor resucitado en nuestras vidas.

No tengo suficientes palabras de agradecimiento para lo vivido estos días. GRACIAS en primer lugar al Señor, por llevarme a vivir la mejor Pascua de nuestras vidas. GRACIAS al Movimiento de Cursillos de Cristiandad, mi comunidad, de la que salgo profundamente enamorada y en la que he encontrado mi sitio en la Iglesia. GRACIAS infinitas a Nuno y a David, por su servicio y entrega, por su vocación y sus vidas, por abrirnos las puertas de su casa y hacer las cosas tan fáciles estos días. GRACIAS  a la comunidad de Torreblanca, que tan bien nos ha acogido y que nos ha recibido con tanto cariño, especialmente a Gema por su testimonio y a Manoli, nuestra fotógrafa favorita. GRACIAS al pedazo de equipo que ha sostenido esta convivencia durante estos meses de preparación, por su sí incondicional a los planes más locos de Dios, por su confianza en el Señor y por cada uno de sus sacrificios para que esta Pascua saliera adelante. Pero sobre todo, GRACIAS a todos y cada uno de los que han estado en la primera Pascua Joven del MCC de Segorbe- Castellón, porque en ellos me he encontrado nuevamente con el Señor.

Ahora toca seguir en camino, ir a nuestra Galilea particular, a nuestros ambientes, a nuestros pueblos, nuestro trabajo, nuestra universidad… y demostrar al otro que Cristo ha resucitado, y que como bien decía el lema de nuestra convivencia “el Señor es mi pastor, nada me falta”.

¡DE COLORES!

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