PILAR

Cuando escuché hablar del cursillo y recibí la invitación, estando en misa de 13:00 en mi parroquia, sin tener un motivo concreto para asistir, sin embargo, sí sentí la llamada para hacerlo: tenía que ir.

Me considero una persona privilegiada, y de fe fuerte. Pero en mi interior tenía cosas que arreglar. Aunque he superado situaciones muy difíciles en mi vida, gracias a Dios siempre (porque con Dios se puede todo), sin embargo, sentía que aún me quedaba trabajar mucho conmigo misma para ser mejor cristiana, y poder dar buen ejemplo.

Una de las cosas que recordé en el cursillo es que un cristiano no puede perder el tiempo, cosa que yo he hecho. En el cursillo tomé la firme determinación de que no podía seguir así, y de que tenía que darle gloria a Dios, también con el uso de mi tiempo.

Tenía cosas dormidas o estancadas que, gracias al cursillo, he recordado. He recordado quién soy yo, una hija de Dios, y como tal me tengo que comportar, en todos los aspectos de mi vida.

Reconozco que encontrarme con tantas personas que quieren a Dios como lo quiero yo, y con las que hablo el mismo lenguaje (el lenguaje de los cristianos, de los hijos de Dios), me ha dado esperanzas para fortalecer mi voluntad y cambiar aquello que tengo que cambiar.

En mi casa me notan lo bien que me ha venido el cursillo: mi madre dice que vengo renovada. Y así es.

Todavía tengo mucho trabajo que hacer conmigo misma, para ser la buena cristiana que Dios quiere que sea. Pero me siento DE COLORES, porque Dios me quiere, está conmigo y nunca me va a dejar…

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