CURSILLO N.º 87

CURSILLO N.º 87

¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos ALEGRES!

Qué grande y misericordioso es el Señor que una vez más ha tocado los corazones de todos los que han asistido al Cursillo y ha transformado su vida tal y como pudimos ver en la Clausura del lunes por la tarde del pasado Puente del Pilar.

También la Virgen, nuestra Señora del Pilar ha intercedido por todos, al ser este Cursillo, el Cursillo del puente del Pilar.

Aunque se mantuvieron las medidas de prevención (test de antígenos al entrar, toma de temperatura periódica, mascarilla, etc.) y hemos sufrido las incomodidades de los protocolos “anti-contagios” por el Covid, tenemos claro que en este Cursillo se ha contagiado el “virus” del Amor de Dios, que es, sin lugar a duda, muy beneficioso para la salud del cuerpo y del alma. Todos mostraban unos ojos llenos de luz, de vida, con una mirada brillante y llena de Amor (Aún con mascarilla puesta se les veía a todos muy felices).

Cada testimonio era una muestra de que el Señor ha tocado corazones, ha hecho milagros patentes en cada uno de los nuevos cursillistas. El milagro de cada Cursillo se ha hecho realidad una vez más.

De esta forma pudimos ver como personas de distintas nacionalidades (Perú, Colombia, Ecuador, República Dominicana, Senegal, España, etc.) eran impulsadas por el Espíritu Santo a unirse en una misma Iglesia Universal, donde todos somos hermanos e hijos de un mismo Padre.

Todos, a través de un amigo o amiga que les invitó, a través de un cartel que anunciaba el Cursillo en una Parroquia, a través de un testimonio ofrecido después de una Misa o a través de un sacerdote, han aceptado la llamada del Señor a asistir al Cursillo. Y cada uno con sus circunstancias, con sus historias personales, con sus problemas y heridas en el corazón se han dejado abrazar por el Señor en este reencuentro amoroso con Dios, con la Iglesia y con ellos mismos.

Como muchas veces ocurre, hasta la última semana antes del Cursillo no teníamos muchos nombres de asistentes confirmados, pero el Señor siempre que tira las redes consigue una pesca milagrosa, y al Cursillo asistieron las personas que El sabía que más lo necesitaban. La pesca del Señor siempre es milagrosa y su Providencia nos salva ¡a todos!

Y como siempre, nuestro querido Obispo, don Juan Antonio, nos acompaña con su presencia y nos alienta con sus palabras, tan claras y actuales. Gracias por estar siempre a nuestro lado, por ser un padre que acompaña a sus hijos para que al salir al mundo “los lobos” no nos coman…Gracias Don Juan Antonio por darnos su bendición y su cariño. Así es más fácil cruzar la puerta de la casa del Verbum Dei y empezar una nueva Vida en nuestros lugares de origen.

Damos gracias a Dios por renovar nuestra Fe, por hacer crecer la familia de Cursillos y por demostrarnos que ¡PARA DIOS NADA ES IMPOSIBLE!

¡Y desde ahora ya podemos empezar trabajar por el Cursillo 88!

Un abrazo

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